lunes, 26 de diciembre de 2016

POR TIERRA Y LIBERTAD

Desde que la propiedad privada existe, hay quienes la poseen y quienes no. Las clases desposeídas hemos sido obligadas a soportar la esclavitud asalariada, aguantando miles de indignidades con el único fin de poder seguir sobreviviendo en este mundo. Pero hay quienes resistimos, nos rebelamos y buscamos romper con ese mundo. Algunos de manera conciente, otros por mera necesidad. El sistema mismo nos va arrojando tan hacia los márgenes que la única salida es la autogestión laboral y la okupacion de terrenos y casa abandonadas. De esa forma creamos nuestras maneras de subsistencia, nuestros modos de intercambio, nuestras casas, nuestros barrios, nuestra cultura.
Pero aun así seguimos siendo pobres y cuando nuestra existencia perturba los planes de los ricos, éstos arremeten contra nosotrxs con la fuerza que les otorga el Estado, la prensa y el Capital. Para contrarrestar sus ataques, los de abajo tenemos una clara opción: la solidaridad, la autoorganización horizontal, el aprendizaje colectivo y la movilización constate. En esta situación se encuentra hoy día quienes vienen organizando desde mediados de 2014 en la Coordinadora de Vecinxs  Contra los Desalojos.
Antes de la existencia de la Coordinadora, en un momento en el cual estaban llegando citaciones judiciales con el fin de desalojar a cerca de 100 familias que aun habitan en La Cumbre, El Remanso, Neptunia y Marindia (Canelones, Uruguay), un grupo de okupantes que venía actuando y estudiando sobre el tema convoco a una charla sobre okupacion de espacios abandonados: dificultades, amparos legales y herramientas sociales. En la misma, abogados compañeros explicaron las leyes que nos perjudican y de qué manera podemos defendernos dentro de los juzgados y las comisarías (en lo que la ley respecta), también se hizo un breve raconto sobre la campaña que se ganó contra los intentos de desalojos en El Remanso en 2010-2011 y luego se empezó a discutir las posibles formas de defenderse ante estos nuevos ataques. 
Dos días después, en medio de una lluvia torrencial, una asamblea muy nutrida conformó la Coordinadora que como dice su primer comunicado “Es un espacio que nos hemos dado vecinos de distintos barrios de la zona, ante la necesidad de ofrecer resistencia organizada a los intentos de desalojo. Como espacio de coordinación de grupos e individuos, no es, ni intenta ser una Organización, sino una asamblea abierta de vecinos y vecinas, ocupantes o no, que deciden su accionar por consenso”.
La Coordinadora ha convocado marchas por la ruta, concentraciones frente al juzgado de Atlántida cada vez que algún vecino era llamado a declarar, una movilización frente a la comisaría de Salinas (Canelones) y otras frente a la Suprema Corte de Justicia en Montevideo. Ha participado en diversas charlas, en Canelones, Montevideo y Artigas, con el claro interés de difundir la problemática puntual de su zona y extender sus lazos con otras zonas afectadas por el mismo mal: el flagelo de la propiedad privada, sus defensores y sus falsos críticos.
Es importante tener en cuenta que la lucha contra los desalojos, los procesamientos penales, la persecución y el hostigamiento policial, no es una mera lucha en defensa de individuos que sufren la represión sistémica. Esta lucha se convierte en una lucha en defensa del territorio, entendiendo al mismo como dice Miguel Amorós en “un combate contra su conversión en mercancía, o sea, contra la constitución de un mercado del territorio. El territorio es ahora el factor desarrollista fundamental, fuente inagotable de suelo para urbanizar, promesa de gigantescas infraestructuras, lugar para la instalación de centrales energéticas y vertederos, espacio ideal para el turismo y la industria del ocio...”. En nuestra zona puntual, el plan del gobierno y los ricos, es urbanizar y convertir a la misma en un centro turístico. Los pobres, por supuesto, le arruinamos el paisaje y por ende, deberíamos, según ellos: acoplarnos a sus modos de vida o irnos (a la cárcel si es posible).
Pero esta lucha no es sólo contra los desalojos, es más que nada para lograr Tierra para quien la habita y para quien la trabaja; es una lucha en defensa de todo aquello que los vecinos vienen construyendo. Es en defensa de las formas autogestionadas de vida que vienen dándose: desde la autoconstrucción de casas y saneamiento ecológico hasta las huertas, proyectos educativos comunitarios y autónomos, ferias, espacios culturales, bibliotecas, centros barriales, prácticas solidarias de medicinas naturales, proyectos laborales autónomos, etc.
En muchos textos se habla de la necesidad de la recuperación o de la generación de relaciones horizontales, solidarias, libres de coerción e interés mercantil. Relaciones que acepten y potencien la diferencia y la diversidad. Un entramado social, una cultura, un territorio que permita el desarrollo de una vida más libre. Eso existe en varios lugares del mundo y está siendo amenazado por el desarrollo y los Estados.
Este disco surge a través de la coordinación de bandas compañeras de Uruguay, Brasil y Bélgica para financiar, mediante su venta, campañas contra los desalojos y promover la ocupación como un momento más de la lucha contra el poder.
Un abrazo fraterno a quienes resisten a los desalojos en Salto, Maldonado, Bella Unión, Montevideo, a la gente del Centro Social Autónomo La Solidaria y a quienes luchan sin fronteras por una tierra libre.
Sólo la solidaridad activa puede frenar estos atropellos y potenciar aún más la existencia de formas de vida en donde la cotidianidad es revolucionaria.
 El movimiento es contagioso, el desborde es posible.


                                                             Por Tierra y Libertad
                                                      Núcleo de okupantes en Lucha 



https://tierraylibertad.bandcamp.com

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